Su Historia...
Hace cuatro años, Jela Ortiz recibió un diagnóstico que cambió por completo la vida de su familia: cáncer de endometrio. Antes de llegar a Oncoclinic, recorrió un largo camino de consultas con distintos médicos, buscando respuestas y la mejor decisión para su salud. La noticia generó miedo e incertidumbre en todos sus seres queridos, porque enfrentar una enfermedad así nunca es sencillo.
Sin embargo, en medio de esa etapa tan difícil, Jela tomó una decisión valiente: iniciar su tratamiento y luchar con esperanza. El proceso no fue fácil. Hubo días marcados por el cansancio, la preocupación y las dudas, pero también momentos en los que la fortaleza, la fe y el acompañamiento de su familia fueron más fuertes que el temor.
Hoy, Jela se encuentra en remisión del cáncer de endometrio. Su historia demuestra que, aunque el camino puede ser duro, buscar atención, tratarse a tiempo y no rendirse puede marcar una gran diferencia. Su testimonio es también el de una familia que aprendió a mantenerse unida en medio de la adversidad.
Preguntas y Respuestas
¿Cómo recibiste el diagnóstico y qué significó ese momento para ti y tu familia?
Recibir el diagnóstico de cáncer de endometrio fue un momento muy duro para todos. Sentimos miedo e incertidumbre, porque una noticia así cambia la vida de una familia entera. Mis nietos, mis hijos y todos mis seres queridos se preocuparon mucho, pero también ese momento nos unió más y nos hizo entender que debíamos enfrentar esta etapa juntos.
¿Cómo fue el proceso antes de iniciar tu tratamiento en Oncoclinic?
Antes de llegar a Oncoclinic, pasé por varias consultas con distintos médicos. Fue un camino largo, buscando respuestas y tratando de tomar la mejor decisión para mi salud. No fue sencillo, porque cuando uno atraviesa una situación así quiere sentirse seguro de que está dando el paso correcto.
¿Qué recuerdas de los momentos más difíciles y qué te ayudó a seguir adelante?
Hubo días muy difíciles, con cansancio, preocupación y momentos de duda. Pero también hubo días en los que la fe, la fortaleza y el acompañamiento de mi familia fueron más grandes que el miedo. Creo que eso fue lo que más me sostuvo: sentir que no estaba sola y que debía seguir luchando con esperanza.







