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Informativo

Trasplante de médula ósea: la esperanza para pacientes con cáncer de la sangre

Hubo un tiempo en que reemplazar la médula ósea enferma parecía una idea casi imposible. La médula, ese tejido silencioso ubicado dentro de los huesos, produce las células que sostienen la vida: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Cuando falla por una leucemia, un linfoma, un mieloma múltiple u otras enfermedades graves, el cuerpo pierde parte de su capacidad para defenderse, oxigenarse y controlar sangrados.

El trasplante de médula ósea, también llamado trasplante de progenitores hematopoyéticos, es un tratamiento especializado que puede ayudar a reconstruir la producción de sangre en pacientes con ciertas enfermedades hematológicas y oncohematológicas.
El trasplante de médula ósea, también llamado trasplante de progenitores hematopoyéticos, es un tratamiento especializado que puede ayudar a reconstruir la producción de sangre en pacientes con ciertas enfermedades hematológicas y oncohematológicas.
Fotografía de Abigail Sanchez

Por Abigail Sanchez

25 julio, 2026

De una idea arriesgada a una posibilidad real

La historia comenzó mucho antes de que existieran las salas modernas de trasplante. En 1868, investigadores describieron por primera vez a la médula ósea como un tejido capaz de producir sangre. Ese hallazgo abrió una pregunta que tardaría casi un siglo en encontrar respuesta: si la médula produce sangre, ¿sería posible reemplazar una médula enferma por una sana?

El primer intento clínico de trasplante de médula se registró en 1939, pero no tuvo éxito. La ciencia todavía no contaba con herramientas suficientes para resolver los grandes obstáculos: compatibilidad entre donante y receptor, rechazo, infecciones graves, enfermedad injerto contra huésped y cuidados intensivos especializados. En los años cincuenta y sesenta, investigadores como E. Donnall Thomas impulsaron estudios que sentaron las bases del trasplante hematopoyético moderno; su trabajo fue reconocido en 1990 con el Premio Nobel de Medicina por sus aportes a los trasplantes de órganos y células en el tratamiento de enfermedades humanas.

El punto de quiebre llegó entre 1968 y 1969, cuando se realizaron los primeros trasplantes alogénicos exitosos en pacientes con inmunodeficiencias severas. A partir de ahí, el procedimiento comenzó a avanzar hacia enfermedades hematológicas malignas. En 1975 se reportaron las primeras grandes series de trasplante alogénico para leucemia, y en 1978 se describieron series exitosas de trasplante autólogo para linfoma. Lo que alguna vez fue una intervención reservada para casos extremos empezó a convertirse en una estrategia terapéutica real para enfermedades de la sangre.

El trasplante no es solo “cambiar médula”: es reiniciar un sistema

Aunque popularmente se lo conoce como trasplante de médula ósea, el nombre técnico más preciso es trasplante de progenitores hematopoyéticos o trasplante de células madre hematopoyéticas. La razón es simple: lo que se trasplanta no siempre proviene directamente del hueso. Las células madre pueden obtenerse de la médula ósea, de la sangre periférica o de la sangre del cordón umbilical.

En esencia, el procedimiento busca reemplazar o restaurar la producción de sangre. Primero, el paciente recibe un tratamiento de acondicionamiento, que puede incluir quimioterapia en altas dosis y, en algunos casos, radioterapia. Este paso busca eliminar células enfermas, preparar el organismo y abrir espacio para que las nuevas células puedan implantarse. Después, las células madre hematopoyéticas se infunden por vía intravenosa, de manera similar a una transfusión. Una vez dentro del cuerpo, viajan hacia la médula ósea y comienzan el proceso de recuperación hematológica.

Existen dos grandes tipos de trasplante. En el trasplante autólogo, las células madre provienen del propio paciente. Se recolectan previamente, se conservan y luego se reinfunden después del tratamiento. Este tipo se utiliza con frecuencia en enfermedades como mieloma múltiple y algunos linfomas. En el trasplante alogénico, las células provienen de otra persona: un familiar compatible, un donante no emparentado o, en algunos casos, una fuente alternativa como sangre de cordón umbilical. En enfermedades como algunas leucemias, el trasplante alogénico puede aportar además un efecto inmunológico llamado injerto contra leucemia, en el que las células del donante ayudan a atacar células malignas residuales.

Este avance no ocurrió de un día para otro. La seguridad del trasplante mejoró con la tipificación HLA, el desarrollo de antibióticos y antifúngicos más efectivos, mejores transfusiones, unidades especializadas, protocolos de aislamiento, control de infecciones y manejo de complicaciones. La American Society of Hematology señala que tomó casi un siglo pasar del conocimiento de que la médula produce sangre a técnicas clínicas capaces de realizar trasplantes de forma exitosa.

De extraer médula del hueso a recolectar células por aféresis

Durante años, obtener células madre significaba entrar a quirófano. Las células se extraían directamente de la médula ósea, generalmente del hueso pélvico, bajo anestesia. Era un procedimiento efectivo, pero más invasivo para el donante o el paciente. Mayo Clinic describe que, en el pasado, la cirugía para extraer células madre de la médula ósea era el único método disponible.

La gran transformación llegó con la recolección de células madre de sangre periférica. Hoy, en muchos casos, las células madre se movilizan desde la médula ósea hacia la sangre mediante medicamentos. Luego se recolectan con una máquina de aféresis. La sangre sale por una vía venosa, pasa por un equipo que separa las células madre necesarias y el resto de los componentes sanguíneos vuelve al cuerpo.

 

Gracias a los avances médicos, hoy muchas células madre para trasplante pueden recolectarse mediante aféresis, un procedimiento que permite separar las células necesarias desde la sangre periférica.

Gracias a los avances médicos, hoy muchas células madre para trasplante pueden recolectarse mediante aféresis, un procedimiento que permite separar las células necesarias desde la sangre periférica.

La aféresis cambió la historia práctica del trasplante. Permitió recolectar células sin necesidad de extraerlas directamente del hueso en todos los casos, facilitó la obtención de progenitores hematopoyéticos y contribuyó a que el trasplante autólogo se consolidara en enfermedades como mieloma múltiple y linfomas. Mayo Clinic señala que actualmente es más común obtener estas células desde la sangre de una vena, mediante donación de células madre de sangre periférica, y que el procedimiento de aféresis puede durar varias horas y requerir más de una sesión según la cantidad necesaria.

El cambio también modificó la manera en que se explica el procedimiento a los pacientes. Para muchas personas, “trasplante de médula ósea” suena a una cirugía directa sobre los huesos. Sin embargo, en la práctica actual, gran parte de los trasplantes utilizan células madre obtenidas desde sangre periférica. Por eso, hablar de trasplante de progenitores hematopoyéticos ayuda a describir mejor lo que realmente ocurre: no se trasplanta un hueso ni una médula completa, sino células capaces de reconstruir la producción de sangre.

Referencias

  • American Society of Hematology. Historia y hitos del trasplante de células hematopoyéticas.

  • National Cancer Institute. Stem Cell Transplants in Cancer Treatment.

  • Mayo Clinic. Donación de sangre y de células madre de la médula ósea.

  • Worldwide Network for Blood and Marrow Transplantation / Haematologica. Actividad mundial de trasplante hematopoyético.

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